QUEMADURAS EN LA EDAD PEDIÁTRICA

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Artículo de Oihane González Corino

 Las quemaduras son una de las lesiones más comunes en lactantes y niños/as.

Se define como quemadura toda lesión local producida por una excesiva exposición a una fuente de calor. Puede deberse a diferentes mecanismos, tales como la exposición prolongada al sol, llamas, explosiones, fricciones, la acción de agentes físicos, químicos o eléctricos y, por escaldadura.

Son comunes los accidentes que producen quemaduras, por ejemplo, no poner cremas solares protectoras, o no comprobar la temperatura del agua del baño, dejar cables expuestos…

La prevención juega un gran papel en todas las lesiones, pero en las quemaduras, por el riesgo de gravedad y de dejar lesiones permanentes, deberíamos ser muy cuidadosos/as. No obstante, cuando ya se ha producido la lesión ¿qué debemos hacer?

Según la Asociación Española de Pediatría “son más frecuentes en varones y con edades entre 2 y 4 años. La mayoría ocurren en el ámbito doméstico, un 80-90% son producidas por agentes térmicos y hasta un 15% son debidas a maltrato físico”.

CONCEPTO DE QUEMADURA

QUÉ DEBEMOS EVALUAR

La piel es una zona protectora contra agentes externos que nos ayuda a mantener nuestro grado de hidratación, temperatura adecuada y protección contra la infección.

Para evaluar una quemadura, es preciso saber cómo se ha producido, la extensión, es decir la superficie de la piel que está afectando, la localización de la zona quemada y la profundidad de la quemadura.

  • La extensión. En quemaduras extensas, la pérdida de líquidos puede ser muy importante. Los lactantes, por el tipo de piel y por la dependencia que tienen de una buena hidratación, constituyen un grupo de niños en el que las quemaduras extensas pueden comportar la presencia de signos de shock y comprometer su vida.
    Determinar la extensión, utilizando el tamaño de la palma de la mano de la víctima, es un método viable; la palma de la mano corresponde a un 1%.
  • La localización es un índice de gravedad, ya que hay zonas corporales que por su trascendencia pueden comportar serios riesgos, ya sean inmediatos o diferidos. Se consideran zonas de grave afectación:
    • La cara, por el riesgo de afectación respiratoria (nariz y boca), lesiones oculares o secuelas estéticas.
    • Manos y pies, por el riesgo de pérdida funcional de los movimientos digitales.
    • Zona genital, por la posibilidad de infección, pérdida de la función de los esfínteres (incontinencia), y de la función sexual o reproductiva.
    • Los alrededores de los orificios naturales (boca, nariz, ojos, oído, ano) pueden alterar su forma y función por las cicatrices.
    • Articulaciones y zonas de flexión, por el riesgo de compresión nerviosa o vascular.
    • Quemaduras que rodeen completamente toda la circunferencia de una parte de cuerpo.
  • La profundidad. La profundidad hace referencia a las capas de la piel que se ven afectadas. Dependiendo del agente causal y del tiempo de exposición al foco de calor podemos encontrar:
    • Quemaduras superficiales con afectación sólo de la capa superficial de la piel (también se denominan de primer grado). Se caracterizan por el enrojecimiento, inflamación y dolor al contacto; no hay formación de ampollas. Las más comunes son las solares o las procedentes de pequeños accidentes domésticos. Suelen curarse bien.
    • Quemaduras que afectan a la dermis (2º grado). La piel está enrojecida y en carne viva. Se forman ampollas con contenido líquido procedente de los tejidos dañados. Son muy dolorosas. Necesitan de cuidados y control sanitario.

Graves quemaduras que afectan todas las capas de la piel, incluso puede afectar tejido graso, músculo y vasos sanguíneos (3r grado). Se pierde la sensación de dolor (por afectación de los nervios). La piel puede tener una coloración que puede ir de cérea (aspecto de corteza) a negra (carbonización). Requieren atención sanitaria inmediata y control de los signos vitales.

ACTUACIÓN

  • ¿Qué debemos hacer?
    • Utilice guantes de protección siempre que pueda.
    • Enfriar la herida cuanto antes con agua fresca y corriente. Durante 15-20 minutos o hasta que el dolor remita.
    • Retirar las ropas afectadas de los/as niños/as o lactantes, así como todos los objetos que puedan comprimir y retener calor (anillos, piercing, brazaletes, pulseras, relojes…) si no están adheridos a la piel y no precisan de maniobras complicadas.
    • Aplicar apósitos mojados (gasas o pañuelos limpios) después de haber enfriado la quemadura.
    • Aconsejar a la víctima que acuda a un médico. Él valorará e indicará tratamiento y necesidad de vacunación antitetánica.
    • Controlar el estado de la conciencia y actuar en consecuencia.
    • Controlar la apariencia, el trabajo respiratorio y la coloración de la piel, y reevaluar periódicamente.
    • En caso de paro cardiorrespiratorio, iniciar el protocolo de Soporte Vital Básico.
    • Alertar al 112.

¿Qué no debemos hacer?

  • Romper las ampollas intactas de una quemadura. La cura adecuada ya se hará en los centros de salud…
  • Aplicar pomadas, ungüentos o antibióticos cuando se presta el primer auxilio.
  • Excederse en el enfriamiento, sobre todo en quemaduras extensas y en lactantes, por riesgo de hipotermia.

 

Ya hemos visto que las quemaduras pueden tener muchas formas de presentación, con riesgo de compromiso vital, y además pueden comportar secuelas a largo plazo derivadas de la infección y de la cicatrización de las lesiones. Por lo tanto, toda quemadura que cumpla los siguientes criterios será considerada grave y precisará de valoración facultativa:

  • Niños/as menores de 5 años.
  • Que afecte a cara, orejas, manos, pies, articulaciones, zona genital.
  • Que comprometa la respiración o vía aérea (por ejemplo, por la inhalación de humo o de gases calientes).
  • Que sean circunferenciales. Las lesiones que afectan a la totalidad o casi totalidad del perímetro del cuello, torso o extremidades.
  • Que afecten a las capas más profundas de la piel.
  • Causadas por el efecto térmico de la electricidad, por productos químicos, radiaciones ionizantes.
  • Que afectan a más del 5% de la superficie corporal total en niños/as y adolescentes.

¡Recuerda!

Es prioritaria la prevención. Cualquier producto que se encuentre al alcance de un menor, puede acabar generando una intoxicación. La conducta A.V.A. debe de ser nuestra gran aliada en la prevención de los accidentes.

Fuentes Bibliográficas:

  • Citores, A. P., & Pardillo, R. M. (2011). Tratamiento de las quemaduras en urgencias. Sección de urgencias, hospital universitario Gregorio Marañón. Madrid.
  • Textos extraídos del manual de Primeros Auxilios en bebés y niños de Cruz Roja

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