Características especiales en la atención a menores en situaciones de accidentes

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 La presencia de menores enfermos o víctimas de accidentes en el entorno extrahospitalario suele producir angustia a las personas que los rodean o que se ven involucradas en ellos.

Artículo de Oihane González Corino

Cuando en primeros auxilios hay que atender a un niño o niña, se nos presenta un reto, ya que tanto en el aspecto psicológico como en el físico tienen características diferentes a los adultos. A pesar de ello, la actuación en general no será muy distinta.

ASPECTOS ESPECIALES DE LOS NIÑOS

En los menores de dos años, las actuaciones sanitarias principales están motivadas por problemas médicos más o menos evolucionados (fiebre, dificultad respiratoria…), por accidentes domésticos (intoxicaciones, quemaduras…), y por problemas de origen traumático (caídas, heridas…) situaciones estas últimas más frecuentes en niños mayores.

Haremos un análisis de aquellas patologías de aparición más frecuente en los bebés y niños. Analizaremos las causas e indicaremos cuál es la actuación más idónea, en cada caso, por parte de los adultos (padres, tutores, cuidadores…) e intentaremos proporcionarles los recursos adecuados para afrontar las diferentes situaciones.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS

Un niño o niña no es un adulto pequeño. Tiene unas características psicológicas que debemos considerar en el momento de relacionarnos con él. El menor suele tener miedo y desconfianza hacia todas las personas que están lejos de su círculo habitual de relaciones. Por tanto, será necesario establecer con él un buen “contacto” para poder realizar las primeras intervenciones o auxilios.

Es conveniente considerar las siguientes pautas:

  • Tenemos que ganarnos su confianza hablando, explicándole todas las acciones que vamos a hacer y el por qué, diciéndole que son necesarias para su curación.
  • Debemos hablar con los padres, madres o tutores y darles toda clase de explicaciones. Hemos de considerar que en las situaciones de accidentes domésticos y tráficos los padres se suelen sentir culpables.
  • La presencia del familiar más próximo es básica para poder examinar al menor.
  • Si es un bebé o un niño pequeño, será conveniente ver el comportamiento del niño, y puede sernos de utilidad que el padre o la madre lo coja en brazos.
  • Es necesario utilizar un lenguaje sencillo.
  • El asistente no debe hacerse el simpático utilizando diminutivos, ya que la mayoría de veces esto provoca el efecto contrario de lo que se pretende.
  • Una actitud normal, comunicativa, saber escuchar, será suficiente para establecer una buena relación con el niño y/o los padres.

Para conseguir una buena valoración, utilice recursos que den tranquilidad al niño, utilice a la madre o familiares, no lo mueva de forma brusca, tómese su tiempo para ver su comportamiento, relaje el ambiente, observe el entorno y procure no producir más dolor, incomodidad o crispación de la que por regla general rodea a la urgencia pediátrica.

ASPECTOS FÍSICOS DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

Según la etapa de crecimiento y desarrollo de los niños se presentan una serie de aspectos físicos diferenciales con respecto al adulto, tales como: frecuencias cardiacas y respiratorias superiores, diferencias en la constitución ósea, articular, etc. que, además, irán cambiando durante las diferentes etapas del desarrollo.

Una de las situaciones más habituales en los niños es el llanto y, si bien puede responder a enfermedad o malestar, normalmente será su forma de solicitar atención o mostrar su disconfort.

Muchas veces, el niño que llora es el que despierta más angustia, el que genera una actuación más rápida, porque da la sensación de que está más grave y, en cambio, el que sólo lloriquea o gime, transmite sensación de más calma, pero alerta, este último puede estar más grave. Debemos evitar que estos signos nos lleven a engaño.

El niño o bebé poco activo, que llora poco, que gime o está pálido y que rehúsa los alimentos requiere nuestra atención inmediata.

TRIÁNGULO DE EVALUACIÓN PEDIÁTRICA

En los últimos años, las sociedades científicas pediátricas han adoptado un sistema original de la Academia Americana de Pediatría, por el que, mediante un análisis SENCILLO, RAPIDO y VISUAL de varios aspectos del bebé o niño, podemos hacernos una idea de su posible gravedad y de la necesidad de activar la ayuda o un rápido consejo de los sistemas sanitarios.

Este sistema es perfectamente aplicable por cuidadores, padres, madres o personas que conviven con niños, ya que no precisa de conocimiento médico ni de exploración física; sólo MIRAR.

Los signos principales que forman parte de este “triángulo” y que denotarán si un niño puede presentar problemas que impliquen una situación de compromiso vital y que requieran la atención de un servicio de urgencias, son:

  1. Apariencia o aspecto alterado (“no le veo como siempre”, “le veo mal”), rigidez o flaccidez, se muestra muy activo o muy pasivo, no nos sigue con la mirada, está irritable constantemente o inconsolable.
  2. Dificultad para mantener una respiración normal, lo cual se manifiesta de esta manera:
    • Aleteo nasal en las respiraciones (dilatación de las alas de la nariz que se abren en cada respiración intentando buscar el aire que les falta).
    • Esfuerzos evidentes para respirar (respiración profunda, marcándose las costillas).
    • Ruidos al respirar.
    • Respiración abdominal (con el diafragma).
  3. Alteraciones de la coloración de la piel:
    • Palidez cutánea.
    • Piel marmórea o reticulada.
    • Azulada…

En esta valoración es bueno que el niño esté en una posición cómoda, sin forzar situaciones que le generen estrés o lucha (se trata de evaluar la enfermedad o lesiones que tenga); es bueno ver el comportamiento del trabajo respiratorio o de la circulación en la piel y, si es preciso, la valoración se hará en brazos de la madre, o en su cama o cuna, etc.

Ante la presencia de alguno de estos signos o síntomas, debe saber que el niño puede estar en una situación comprometida y deberá pedir consejo médico, acudir a un centro sanitario o solicitar ayuda al 112.

No obstante, la no presencia de estos signos sólo significa que el niño se encuentra en una situación estable, pero no quiere decir que no tenga que solicitar consejo si lo considera oportuno; por ejemplo una fiebre elevada puede no alterar el triángulo y en cambio precisar visita por el pediatra.

Piense que los niños pueden evolucionar con el tiempo en sus enfermedades.

Hay otras situaciones en las que independientemente del estado actual del niño se debe requerir intervención sanitaria de forma precoz:

  • Que haya sufrido convulsiones.
  • Vómitos persistentes.
  • Fiebre en lactantes menores de 3 meses de edad.
  • Todas aquellas situaciones en que usted vea un deterioro progresivo del estado del niño.

¿Quieres aprender más?

Recuerda que Cruz Roja Bizkaia posee múltiples cursos de esta temática. En el mes de Julio, puede realizar uno de ellos.

Para más información, dirígete a este enlace: http://www.institutocruzrojabizkaia.org/2017/06/23/primeros-auxilios-bebes-y-ninos-3/

Textos extraídos del manual de Primeros Auxilios en bebés y niños de Cruz Roja


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